Tutores de Residentes
- Dr. Francisco Gutiérrez Tejero
- Dra. Ana Morales Martínez
- Dra. María Teresa Melgarejo Segura
La Urología como especialidad
La enseñanza de la Urología como especialidad variará respecto a la enseñanza del pregrado, tanto a nivel de objetivos docentes, de contenido y objetivos específicos.
La Orden Ministerial de 22 de junio de 1.995 (BOE nº 155 de 30 de Junio de 1.995) contempla la formación de los residentes mediante programas de tutorías directas y delegadas por el servicio correspondiente con docencia acreditada. La designación y nombramiento de Tutores viene recogida en esta Orden con especial referencia a los nombramientos y funciones.
Objetivos de formación
En cuanto a los objetivos de la formación, éstos se fijan en tres áreas diferentes: en el área de conocimientos (que corresponde a la formación teórica), en el área de las habilidades (que corresponde a la formación práctica), y en el área de las actitudes. Estos objetivos van dirigidos a la formación de un especialista básico que esté capacitado para la educación sanitaria, para la valoración y tratamiento de los problemas comunes de la especialidad así como para la valoración y remisión de otros más complejos.
Referente a los contenidos específicos del programa, éstos vienen especificados en cinco apartados diferentes, que se corresponden:
- Con los conocimientos a adquirir o formación teórica.
- Con las habilidades a desarrollar o formación práctica.
- Con las actitudes ante los pacientes.
- Con la formación investigadora.
- Con la formación docente.
En cuanto a los conocimientos, la docencia se dirigirá hacia la prevención, diagnóstico y tratamiento de los diferentes procesos, así como hacia las bases científicas de la especialidad y sobre los conocimientos relacionados con la práctica clínica.
En el campo de las habilidades se especifican los niveles de formación que el médico residente debe llegar a adquirir, que ordenados en orden de importancia en cuanto a autonomía de acción y responsabilidades son los siguientes:
- Nivel A. Se incluyen en él todas aquellas actuaciones para las cuales el residente debe estar capacitado para poder hacerlas de manera completa y de forma independiente al terminar su formación.
- Nivel B. En él se incluyen las habilidades y buenos conocimientos que el residente debe adquirir en relación con diferentes procesos y que implica llegar a tener una cierta experiencia sobre ellos, pero que aunque no sea capaz de manejarse con ellos de manera autónoma si tiene una participación activa.
- Nivel C. Aquí se incluyen todos los conocimientos y habilidades que capacitan al residente para tener un conocimiento teórico, sin necesidad de tener una experiencia activa, participando como observador.
La formación en el terreno de las actitudes va dirigida a lograr que el especialista llegue a ser un buen profesional, y para ello se le educará en aspectos tales como la orientación al paciente, la identificación con los objetivos del centro y unidad en donde realiza su formación, las capacidades de colaboración y dedicación, saber mostrar flexibilidad en relación con sus intereses y en relación con otras personas, respetar las normas éticas, saber llevar iniciativas para tomar decisiones según el nivel de los conocimientos alcanzados, y saber utilizar los recursos de una manera racional.
La formación investigadora va a tener como objetivo el que el especialista adquiera unos conocimientos básicos sobre la metodología de investigación, lo cual debe ser absolutamente necesario en todo médico residente y así se refleja en el último programa formativo. Hay que hacer constar que este tipo de formación ya se considera, y como tal viene incorporada en los programas de los estudios del pregrado en donde el estudiante debe ser instruido sobre ella. Inicialmente, debería centrarse esta formación en la investigación clínica, sin despreciar el adquirir también conocimientos elementales sobre la experimental, ya que hay que tener en cuenta que su trabajo futuro será fundamentalmente asistencial y será en este terreno en donde encontrará la materia suficiente para realizar esta labor investigadora. Como consecuencia de todo esto, el residente debe ser motivado para la realización de trabajos, incorporándose en algún grupo de investigación e incluso participando como colaborador en proyectos de investigación subvencionados.
La formación docente de los residentes va siendo cada vez más necesaria como consecuencia de que los conocimientos que ellos van adquiriendo pueden ir transmitiéndolos a las promociones más jóvenes. Además, aquéllos que realizan su formación en hospitales considerados como universitarios, pueden y deben colaborar también en la docencia de los alumnos del pregrado. En algunos de estos últimos centros se han creado las figuras del «colaborador honorífico», del «médico colaborador en docencia práctica» y del «colaborador docente clínico», que a diferentes niveles, les permite intervenir en la enseñanza práctica de estos alumnos. Por supuesto, para aquéllos que quieran seguir la carrera docente esta formación es imprescindible y es necesario que se instruyan en los principios y técnicas de la docencia.
Por último debe aprender a desarrollarse intelectualmente con espíritu de superación, incorporando continuamente conocimientos, producto de su propia iniciativa e interés por los temas tanto médicos como humanísticos.
El Tutor en el proceso de formación del especialista
Es una pieza fundamental dentro del programa de formación y tiene como misión la planificación y la colaboración activa en el aprendizaje tanto de los conocimientos como de las habilidades y actitudes propias de la formación del especialista. Es, por tanto, el primer responsable del proceso enseñanza-aprendizaje y el pilar sobre el que se sustenta toda la responsabilidad de la formación de cada uno de los especialistas. Las funciones del tutor se especifican en la Ley 44/2003 de 21 de noviembre de ordenación de las profesiones sanitarias. En ella se dice que: «las principales funciones del tutor son las de planificar, gestionar, supervisar y evaluar todo el proceso de formación proponiendo, cuando proceda, medidas de mejora en la impartición del programa, favoreciendo el autoaprendizaje, la asunción progresiva de responsabilidades y la capacidad investigadora del residente». Sobre él recae también la organización y control de las rotaciones y la responsabilidad de las evaluaciones que anualmente han de realizarse a cada residente. Pero llevar a buen término tales objetivos de una manera adecuada implica una labor que no es fácil, requiriendo en primer lugar que las personas que deseen realizar tales funciones deban tener un idóneo grado de competencia en los terrenos de la clínica, docencia e investigación. Además, será necesaria una dedicación casi exclusiva para realizar todas las actividades inherentes al cargo, por lo que los tutores tendrán que demostrar no sólo capacidad de conocimientos sino también la virtud de la vocación docente. Por otra parte, también debe servir de modelo o patrón de conducta para el residente en lo referente al campo de las actitudes. Es lógico, que por todos estos motivos, deba de ser apoyado no sólo por las autoridades del centro sino también por los facultativos de la unidad acreditada encabezados por el Jefe de la misma. En la ley anteriormente citada se dice ya que «las Comunidades Autónomas adoptarán las medidas necesarias para favorecer una adecuada dedicación de los tutores a su actividad docente». En resumen, el tutor como pieza imprescindible de la formación de especialistas debe tener un perfil profesional y humano.
En el programa elaborado por la Comisión Nacional de la Especialidad se detallan los Objetivos Generales, Objetivos Específicos y Objetivos Científicos que deben cumplir los médicos internos y residentes en Urología por lo que a continuación describiremos detalladamente este programa de la Comisión Nacional.
Definición de la especialidad y campo de acción
La Urología es una especialidad médico-quirúrgica que se ocupa del estudio, diagnóstico y tratamiento de las afecciones médicas y quirúrgicas del aparato urinario y retroperitoneo, en ambos sexos, y del aparato genital masculino, sin límite de edad, motivadas por padecimientos congénitos, traumáticos, sépticos, metabólicos, obstructivos y oncológicos. Como tal especialidad, la Urología tiene su propedéutica, semiología, nosología y procedimientos específicos diagnósticos y terapéuticos, quirúrgicos, endoscópicos y por medios físicos. Para una proyección integral de la asistencia urológica, su contenido ha sido ordenado en capítulos específicos, cuyo enunciado es el siguiente: Andrología, Urolitiasis, Endourología, Oncología, Urodinamia, Urología Pediátrica, Trasplante Renal y Urología General, que estudia el resto de las entidades nosológicas no incluidas en las anteriores áreas.
Para atender a estas variadas patologías, la Urología tiene procedimientos diagnósticos que son comunes a otras muchas especialidades y otros que le son específicos, y cuya realización conlleva compromisos de aprendizaje y dedicación relacionados con los procedimientos diagnósticos y terapéuticos.
Objetivos Específicos de la Especialidad de Urología
PLAN DE ROTACIONES:
La mayor parte de las competencias están vinculadas al plan de rotaciones internas, y en su caso, externas, correspondiente a cada año de residencia, como quedará reflejado en puntos subsiguientes.
MIR de primer año
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Hospitalización Urología
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Urgencias de Urología
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Cirugía menor ambulatoria
-
Consultas externas de Urología general.
-
Urgencias generales (realización de 3 guardias al mes durante el año, tutorizadas).
-
Nefrología (1 mes).
MIR de segundo año
- UNIDAD DE LITOTRICIA, UROLITIASIS Y ENDOUROLOGÍA:
- Cirugía Mayor Ambulatoria
- Quirófano de Cirugía Mayor con Anestesia General
- Consulta de Litotricia y Urolitiasis
- Radiología (1 mes).
- Urgencias generales (realización de 2 guardias al mes durante un año).
MIR de tercer año
- Hospitalización de Urología
- Consultas Externas: Urología General, Litotricia y Urolitiasis y Andrología.
- Cirugía General y del Aparato Digestivo (3 meses). Preferente Unidad de Coloproctología y Cirugía Mayor Ambulatoria.
- Ginecología (suelo pélvico y oncología) (1 mes).
MIR de cuarto año
- Hospitalización de Urología (2 meses)
- Cirugía Mayor Ambulatoria (1 mes)
- Quirófano de cirugía mayor con anestesia general (4 meses)
- Consultas externas (2 meses): Litiasis, Andrología, Urodinámica y Oncología
- Urología pediátrica (2 meses)
- Rotación a otro Centro Nacional o Internacional (Opcional, 1-2 meses)
MIR de quinto año
- Quirófano de cirugía mayor con anestesia general (7 meses)
- Consultas Externas (3 meses) de Oncología (cáncer de próstata, renal y vesical).